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El misterioso Ojo de Horus

Artículo firmado por el investigador Marcelo Ray, y publicado por la revista 2001 y que forma parte de una serie de notas que fueran publicadas en la misma con el nombre de Visitantes del Espacio.
A pesar de los eruditos y sostenidos estudios que desde hace largos años tratan de desentrañar el origen de la antigua civilización egipcia, el gran enigma permanece vigente; la cronología se desdibuja, las interpretaciones se contraponen y los egiptólogos y especialistas no logran tornar coherente ni el comienzo ni el sentido de esa historia maravillosa de dioses y de hombres que nos asombra desde el remoto pasado.

LOS ORIGENES FABULOSOS
Desde que Champollion descubrió ese "mundo perdido", se ha tratado de establecer sus "mapas". Egipto moría en los primeros siglos de la Era Cristiana, peros su nacimiento se perdía en las brumas de un tiempo no histórico del que solo restan extraños y complejos relatos que la mitología ha conservado mezclados con un fárrago de leyendas y agregados susceptibles de múltiples y variadas interpretaciones.

Un problema que aun se discute con ardor entre los eruditos es el de la duración total de la era dinástica. Aún ciñéndose al sistema llamado de la "cronología corta", el reinado de Menes o Mena, un presunto soberano que unifico el país mediante la conquista del Norte, erigiéndose para los historiadores a la cabeza de la lista de reyes; el comienzo de las dinastías se remota al cuarto milenio antes de Cristo.

Los egiptólogos no se han puesto de acuerdo. Meyer fija el reinado de Menes en el 3197 a. de C., y Junker en el 3300 a. de C. Los partidarios de la "cronología larga" se internan aún más en el pasado. Sir Flinders Patria estima el advenimiento de Menes hacia el 5456 a. de C. y Máspero sitúa la primera dinastía en el 5000 a. de C.

Al margen de esta disparidad de opiniones, los rastros de civilización atribuidos a la época predinástica nos hablan de dos civilizaciones prehistóricas cuyos objetos recuerdan tan poco al mobiliario ordinario de la época faraónica que muchos arqueólogos los atribuyen a una raza desconocida que hubiera penetrado en el valle del Nilo en un momento indeterminado de la prehistoria.

De todos modos, el Egipto predinástico, es decir, el anterior la unificación de Menes, continúa siendo un enigma. Es un hecho que existieran reyes durante una cantidad de siglos que nadie se atreve a fijar. Un erudito como Eusebe atribuye al conjunto predinástico una duración de 11.000 años. El pápiro real de Turín parecería recoger aún tradiciones más extrañas. Mayer, que reconoce ahí una protohistoria remotísima, recuerda la expresión de Platón, que al referirse a ciertas esculturas y pinturas del antiguo Egipto, a las que atribuía 10.000 años de antigüedad, agregaba con énfasis: "y cuando digo 10.000 años no es un modo de decir, sino una realidad".

MITOLOGIA Y CAMBIO
A esta altura de los conocimiento fragmentarios lo aparentemente imposible puede ser la verdad y lo maravilloso la envoltura fascinante de hechos reales. La afirmación del eminente profesor Erman de que los egipcios son nubios semitizados, adquiere particular interés para establecer comparaciones. La mitología se ubica antes que la historia y los egipcios no serán tales sin el soporte de los mitos. El mito no es solo poesía, o fantasía. Es fundamentalmente LA HISTORIA ANTES DE LA HISTORIA, en un tiempo y un espacio no mensurables. Si posteriormente se convierte en estructura de vida, en una forma de instalarse en la realidad y reintegrarse en el universo, es decir , que el hombre primitivo encuentra en la repetición de los hechos primordiales una forma de restaurar el equilibrio perdido y una envoltura protectora, en el comienzo el mito es "narración verdadera", es la epopeya cósmica en la que irrumpen los arquetipos y modifican el mundo.

El nacimiento de la historia de los dioses esta detrás de Menes. En algún momento, mas allá del quinto milenio a. de C., parecería que los "nubios semitizados" fueron los asombrados testigos de la llegada de "superseñores" provenientes del espacio exterior.

Desde entonces las precarias civilizaciones predinásticas comienzan a cambiar. El relato de la llegada, de las luchas internas entre los distintos grupos de dioses, de sus enseñanzas, de sus hazañas portentosas crea la trama d e una mitología complicada y riquísima en sucesos que seguramente no pudieron crear los "nubios semitizados".

Algo fundamental ocurre en torno del Nilo. Los "adoradores del dios Horus luchan encarnizadamente con los adoradores de Set". El rey dios del Bajo Egipto lleva una corona roja y utiliza atributos particulares, distintos del rey dios del Alto Egipto, que se distingue por su corona blanca. En algún momento otro dios ciñe ambas coronas y unifica los símbolos del cielo y de la Tierra. El cambio producido por esa presunta interpolación de los "dioses" es tan pronunciado que un estudioso de la rigurosidad de Jean Capart no vacila en reconocer la existencia de una fuerte discordancia entre dos esta. dos de cultura. NO HAY MAS CONTINUIDAD DE CULTURA ENTRE LAS POBLACIONES PREHISTORICAS DEL ALTO EGIPTO Y, LAS DINASTICAS afirma Capart DE LA QUE PUEDE HABER ENTRE LOS HABITANTES DE LA ALDEA DE ABAHLAH DE ASSUÁN Y LOS TURISTAS EXTRANJEROS DEL HOTEL CATARATAS.

LA HISTORIA DE LOS DIOSES
La mitología egipcia es extremadamente compleja, el linaje del dios Horus se remonta a un dios primigenio: Atum, cuya descendencia concebida de una forma no natural provocó a la tercera generación una cruenta lucha por el poder en la zona del Nilo. El dios Set asesino al rey Osiris y ocupó su trono hasta que fue derrocado por el verdadero heredero, el rey dios Horus hijo de Osiris y de Isis, llamado "Horus de los cielos" o "celeste Horus". Este personaje enigmático y poderoso aparece en los textos mitológicos como un dios, como un "cuerpo celeste", o como un soberano de existencia real.

Sobre este esquema básico gira la mitología egipcia, enriquecida transformada y distorsionada poi múltiples interpolaciones. Desde el comienzo los reyes fueron considerados como hijos de Ra, es decir el "disco solar", y esa tendencia SE fue acentuando con el tiempo al punto de que los dioses locales fueron asimilados a Ra hasta culminar en AmonRa, la super deidad convencional que fue destruida por la revolución religiosa de Akenaton.

La relación primitiva de Ra con las flores de loto de forma circular se tornan sugestivas cuando la documentación existente nos habla de un "Sol juvenil que se levantaba del loto cuando éste se abría" y numerosas constancias iconográficas representan al "joven Horus sentado sobre la flor de loto".

EL ENIGMATICO "OJO DE RA"
Este tipo de especulación halla un sostén de particular importancia en el enigmático "Ojo de Ra". Las referencias nunca son lo suficientemente claras como para determinar el sentido del símbolo, pero diversas características nos inclinan a identificarlo con un "objeto celeste", con un elemento de forma circular capaz de desplazarse en el aire, que otorga a su poseedor un poder decisivo en las guerras de aquellas épocas remotas.

Como todo símbolo, su carácter es el de ser plurivalente, es decir, posee varios significados y es susceptible de diversas interpretaciones. Sin embargo, en el origen, el concepto de Ojo se identifica con "algo" que puede obtenerse y cuya separación o "huida" del dios provoca graves complicaciones, mientras su regreso equivale a la pacificación y restauración del orden.

Este "objeto aéreo y móvil" fue poseído por Ra, por Horus y aun por Atum, el dios primigenio, pues en los Textos de los Sarcófagos se lee que Atum envió el "Ojo" para buscar a sus hijos Shu y Tefnut. Asimismo el "Ojo de Horus" fue un elemento sumamente valioso y codiciado en la lucha entre Horus y el malvado Set. A menudo los textos refieren la "huida del Ojo de Horus" y coinciden en que su posesión facilitaba el triunfo de uno de los ejércitos en pugna. En cierta ocasión, como señala el mitólogo Rudolf Anthes, "el Ojo aterrorizó a los enemigos de Ra reunidos en el sur de Egipto, en el desierto, mientras planeaban rebelarse.

El sentido exacto del "Ojo" –siempre representado por el símbolo del vuelo-, un círculo flanqueado de plumas, no ha podido ser aclarado. En los orígenes, además del "Ojo de Atum" la mitología cita con frecuencia el "Ojo de Ra" y el "Uraeo de Ra", es decir, la serpiente enrollada que al presentarse como un circulo adquiere una apariencia semejante al "Ojo" tradicional. Como expresan los Textos de las Pirámides, el Uraeo se hallaba en vida del rey bajo su severa custodia. "Si escapaba podía ser terrible y hostil. Si iba al extranjero dejaba a Egipto en un estado de perturbación y caos y, en consecuencia, la luz y el orden abandonaban el país, hasta el retorno del Uraeo".

¿LOS "OJOS" FUERON OVNIS?
Separados tal vez por miles de años, de la época "atemporal" en que el "Ojo de Horus" o el "Uraeo de Ra" existían y actuaban como elementos concretos, las leyendas tardías fueron derivando hacia interpretaciones simplistas y convencionales que, recogidas naturalmente por los estudiosos, concluyeron por identificar a esos extraños elementos celestes con el Sol y la Luna. Investigaciones más modernas los vinculan con el planeta Venus. Esta interpretación los ubica ya como fuentes luminosas circulares de primera magnitud. Si sumamos a ello el hecho de que se los consideró mensajeros reales de los dioses y restauradores de la paz, los enigmáticos "Ojos de Ra" o "círculos emplumados" se tornan altamente sugestivos.

El dios Atum y los grandes dioses que transformaron el Egipto, que oficiaron de Iniciadores, de civilizadores e impulsores de un pueblo primitivo de "nubios semitizados", ¿fueron en realidad seres superiores llegados del cosmos?. Los "Ojos" de Ra o de Horus o el "Uraeo" que lanzaba fuego, ¿fueron sus naves cósmicas circulares, que luego se destruyeron o retornaron a su lugar de origen?

Las preguntas se suceden y lo que hasta ayer parecía un imposible se torna cada vez más rico en sugerencias reveladoras. Los dioses estuvieron en la Tierra y la mitología ha guardado su recuerdo ante un fárrago de fantasías y agregados tardíos. Como en los tiempos primeros, los dioses comienzan a mostrarse otra vez en el espacio. Los signos son confusos, pero inequívocos. La inteligencia exterior nos acecha; y el hombre inteligente y sensible de nuestro tiempo, como su remoto antepasado, vuelve a levantar los ojos al cielo, asombrado por lo maravilloso.

Fuente:
Revista 2001 Periodismo de Anticipación - Julio de 1969